A Dios le pedimos documento de Identidad

Los hombres necesitamos pedirle sus credenciales a Dios, su DNI, con el que identifique. (Foto: Educared)
Siempre tenemos razones para resistirnos a las llamadas y la visitas de Dios. Jesús tiene experiencia de estas resistencias y razonamientos del corazón humano. Juan ya lo expresa en su Prólogo al Evangelio cuando dice:
“En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella (la Palabra), y el mundo no la conoció”. (Jn 1,10)
“Vino a su casa, y los suyos no la recibieron”. (Jn 1,11)
Y ahora que Jesús visita a su pueblo lo vuelve a experimentar en carne propia. Como siempre, los hombres necesitamos pedirle sus credenciales a Dios, su DNI, con el que identifique. A Jesús se lo dijeron bien claro, pese a que “se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios”. “Haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún”.
Anunciar el Evangelio a los pobres
Es la frase con la que Jesús definió su misión en su presentación en Nazaret. Y es la frase que hoy tanto se repite en la Iglesia. Encargados de ser “Buena Noticia para los pobres”. Como frase suena bien y hasta actual.
El problema surge cuando nos preguntamos:
¿Y qué es anunciar el Evangelio a los pobres?
¿Cuándo se anuncia el Evangelio a los pobres?
¿Cómo se anuncia el Evangelio a los pobres?
Porque los pobres no viven de palabras.
Ni tampoco son trampolín para que otros crezcan.
Los pobres han escuchado demasiadas palabras.
Los pobres han escuchado el anuncio de muchas esperanzas.
Pero los pobres siguen siendo pobres, y con frecuencia, cada vez más pobres.
A los pobres no se les anuncia el Evangelio sentándonos en la orilla, sino echándonos al agua y mojándonos.
Tendríamos que comenzar por preguntarles a los pobres cómo nos ven a los que les hablamos del Evangelio. Qué imagen tienen de nosotros. Qué piensan y qué imagen tienen de los políticos, de los sacerdotes y de los religiosos. Y hasta me atrevería a algo más: ¿Será que los pobres siguen creyendo en nuestras palabras?
Dios a la vista

La fe crece y madura sabiendo ver a Dios en los acontecimientos de cada día.
El relato de las Bodas de Caná termina con una frase que bien vale la pena fijarse en ella. Dice el Evangelio de Juan: “Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él”.
Mientras los demás se emborrachaban con el buen vino, los discípulos comenzaron a ver las señales de Dios. Y por primera vez, y hasta por única vez, se dice de ellos que “creció su fe en él”.
¿Razones? La fe no suele tener razones. La fe es sencillamente cuestión de saber mirar, y saber ver.
Atrévete a ser tú mismo

El Bautismo nos señala a cada uno nuestro propio rostro con el que tendremos que realizarnos en la Iglesia y en el mundo (Foto: Catholicosonline.com)
El Bautismo lo mismo que el nacimiento nos regala nuestra propia identidad. Jesús descubrió en su experiencia humana su identidad de Hijo de Dios y descubrió la identidad de su propia misión. Era el Padre quien hablaba. Y públicamente lo declara “Hijo amado, predilecto”.
Es posible que tengamos otros hermanos. Pero somos todos distintos y diferentes. Cada uno con su propia identidad y cada uno con su propio camino y misión. Hermanos sí. Pero diferentes también.
Lo mismo sucede con nuestro Bautismo. Todos hijos y todos
hermanos. Y un mismo Padre. Pero cada uno con nuestra propia firma y sello. Cada uno con nuestra identidad personal en la Iglesia. El Bautismo es el mismo. Como el nacimiento es el mismo. Pero la gracia marca las diferencias, siendo la misma gracia.
Pedidos a los Reyes Magos

Que las dificultades no nos detengan en el camino sino que sean un motivo más para seguir buscando. (Foto: Blog ishkarioth.com)
Queridos Reyes Magos, que, …
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