Semana de Dios y Semana del hombre

La Semana Santa no termina en la Cruz, termina en la Pascua, donde las tinieblas se hacen luz y la muerte comienza a tener sabor de vida. (Foto: Flickr Roberto García)
La Semana Santa que comenzamos es una semana donde pasa de todo. Resulta curioso que en siete u ocho días sucedan tantas cosas. Y no sé si llamarla la “Semana Grande de Dios”, o la “Semana Grande de los hombres”, porque, a decir verdad, es la semana central de la vida de Jesús y también la semana central de los hombres. Dios y los hombres son los grandes personajes de esta semana. Aunque la peor parte la lleva Dios.
Y por más que los hombres quedemos mal, sin embargo, somos los más beneficiados de esta semana.
¿Qué hay detrás de la tapia?
Hace tiempo leí una pequeña historieta que me gustó. En una leprosería había un leproso que se pasaba el día encerrado sobre sí mismo, triste y sin esperanza. Hasta que un día comenzó a sonreír. Todo el mundo se preguntaba ¿qué había pasado? Y se dieron cuenta de que todas las mañanas se asomaba al muro quelo separaba de la calle. Se subía al muro. Bajaba y comenzaba a sonreír. Llenos de curiosidad se acercaron. Una señora todos los días pasaba a esa hora por allí. Esperaba ver al leproso. Y desde la calle le regalaba una sonrisa. Y esto era suficiente para hacerle feliz a aquel hombre lleno de angustia y tristeza.
Me viene esta anécdota precisamente, el segundo domingo de Cuaresma, en el que leemos la Transfiguración de Jesús en el Tabor. Un momento en el que Jesús se transforma y todo él se ilumina dejando transparentar lo que lleva dentro detrás del muro de su humanidad.
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